Category: Resultados


foto_384091_CASPrimera final de la temporada y, tal y como avisaba en la previa, Pep salió con todo ante el Athletic. El de Santpedor colocó en el campo a su mejor once, con Ibrahimovic por primera vez como titular y con la única sorpresa de Maxwell en lugar de Abidal en la banda izquierda.

Era el estreno oficial en casa de los dos únicos fichajes de la nueva temporada y la primera vez que coincidían en ataque el ilusionante tridente formado por Messi, Ibra y Henry. Un trío en el que el sueco dejó bien claro que es un jugador diferente a Eto’o. De hecho, no se parecen en nada. Mientras el camerunés vive en el área y se anda con pocas florituras, Ibra es un jugador preciosista y con mucha movilidad, cayendo a la banda y dejando espacios para que sus compañeros puedan incorporarse al ataque.

Es por eso que no debería sorprender que este año las ocasiones en este Barça estén más repartidas que nunca. Xavi, Piqué, Keita, Messi, Henry… todos tuvieron la ocasión de marcar en una primera parte de claro color azulgrana. Los hombres de Guardiola tenían el balón y volvieron a demostrar que con él, son capaces de hacer cualquier cosa. De hecho, en esta primera mitad sólo faltó que el esférico encontrara la red.

En eso, el que más cerca estuvo fue Ibrahimovic. Un magnífico pase de Messi lo controló con el pecho el sueco, que intentó superar a Gorka con una media tijera que pudo desviar con éxito el portero bilbaíno. Fue la primera gran jugada de combinación entre ambos de las muchas que se verán durante todo el año.
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Anuncios

foto_382668_CASEl equipo de Guardiola comenzó la temporada tal y como acabó la anterior: con fuerza, ambición y un espíritu ganador encomiable. Ni siquiera el hecho de verse con un 1-0 en contra en el descanso le amilanó. En la segunda mitad, sacó toda la artillería, y Xavi y Pedro rubricaron una remontada más que merecida.

Visto lo visto sobre el césped de San Mamés, cuesta creer que el Barça se fuera al descanso con el marcador adverso. Su dominio en la primera media hora fue arrollador, y sólo la mala fortuna y la inspiración del meta Gorka Iraizoz impidieron que el Athletic encajara tres o cuatro goles. Los ‘leones’ capearon el temporal como pudieron, y su resistencia y la fe en sus posibilidades les dio resultado: el Barça fue soltando progresivamente el pie del acelerador… y, al filo del 45′, llegó el 1-0, obra de De Marcos.

Pero este Barça no ha perdido ni un ápice del ‘hambre’ de títulos que le llevó a adjudicarse el histórico ‘triplete’ el pasado mes de mayo. Los de Guardiola se sobrepusieron al mazazo en el llamado ‘minuto psicológico’, y también a sus numerosas bajas. El técnico azulgrana no pudo contar en su primer partido oficial de la temporada con varias de sus piezas claves, como los lesionados Márquez, Iniesta, Messi e Ibrahimovic, el nuevo ‘hombre-gol’, cuyo anhelado debut está previsto para el próximo miércoles en el Gamper. Sus recambios estuvieron a la altura. Especialmente en ataque, donde el ‘tridente’ Henry-Bojan-Pedro brilló con luz propia. El francés estuvo muy activo por la izquierda, el de Linyola fue la referencia por el centro y el canario, por la derecha, puso la guinda a su gran actuación con un golazo.

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Copa del ReyEl Barça protagonizó una final digna de reyes, de los reyes del fútbol.

El partido empezó con claro color rojiblanco. Mestalla rugía, entre ‘ikurriñas’ y ‘estelades’ pero con una sospechosa mayoría de aficionados vascos que dejaba una pregunta en el aire: ¿A dónde fueron a parar las entradas de la Federación Española?

La entrada de los reyes de España fue el preludio de un himno español que apenas se oyó en Mestalla ahogado por los silbidos de dos aficiones que fueron amigas hasta que Medina Cantalejo pitó el inicio del partido.

A partir de ese momento empezó la batalla y solo hubo un equipo en el campo. Durante un cuarto de hora, el aliento de los más de 20.000 aficionados del Athletic fue una inyección que transformó a los de Caparrós en auténticas fieras.

Mientras, el Barça no encontraba su juego. Touré buscaba encajar en el eje de la defensa junto a Piqué y los Xavi, Busquets y Keita se veían desarbolados por la presión de un incansable Athletic.

El músculo se impuso al intento de toque en esos primeros compases y muy pronto un tiro de Javi Martínez obligó a Pinto a emplearse a fondo despejando a córner. Era el preludio del primer gol porque el saque de esquina lo cazó Toquero en el segundo palo y, saltando más que Keita y Xavi, colocó el balón en la escuadra derecha de Pinto (1-0, 8′).

La intensidad, la garra, las ganas y la ilusión se imponían en un estadio que seguía dividido entre dos aficiones entregadas. Los vascos soñaban, los culés empezaban a ver fantasmas.

Pero este Barça de Guardiola es una máquina fútbol. El gol fue un incentivo y puso en marcha el rodillo del Barça que poco a poco empezó a montar ese rondo mágico, imparable que tiene enamorada a media europa futbolística.

Eto’o tuvo el empate en un mano a mano con Gorka pero se durmió y le robaron el balón cuando estaba pensando cómo iba a celebrar el gol.

El Athletic se vio obligado a echar mano de la fuerza en su versión más bruta y empezó a parar a los azulgrana a base de faltas. Pero ni así pudo el equipo de Caparrós. Sus jugadores se fueron diluyendo, demostrando ser humanos, y el Barça se adueñó del balón y del partido.

Así se llegó a la media hora, momento clave, momento elegido por Touré para aparecer en su versión más imperial, llegar desde atrás, sortear a tres rivales y sacarse un derechazo tremendo que batía a Gorka (1-1, 31′) sin compasión. La locura fue esta vez azulgrana en Mestalla. Al marfileño hasta se le escapó una ‘butifarra’ hecha de rabia.

El tanto dejó tocado al Athletic que se empezó a difuminar hasta no parecerse en nada al equipo que empezó llevado en volandas por su gente. El Barça en cambio se creció y a punto estuvo de volver a marcar gracias a un invento de Alves, cada vez más entonado en las faltas, que no anotó de milagro en un libre directo al filo del descanso.

La segunda parte empezó como acabó la primera. O mejor. El Barça salió dispuesto a cargarse el debate, a minimizar al rival, a ganar porque sí. El Athletic hizo lo peor que podía hacer: picar a Messi. El argentino se fue al suelo en un par de faltas y a cada una más se entonaba, más pedía el balón, más ganas tenía. Sigue leyendo

El fútbol volvió al Camp Nou después de la trabajada victoria en San Mamés y del parón por compromisos internacionales. ¡Y volvió de qué manera! Cinco goles como cinco soles le endosó el Barça al Almería en solo media parte. Media parte para enmarcar, media parte de ensueño que desquició a los de Arconada y que hizo las delicias de los 63.566 espectadores que presenciaron el encuentro.

Guardiola repitió el once del primer partido de Liga, el que perdió en Soria, pero este Barça ha crecido desde aquella primera jornada de Liga. Sobre todo en efectividad. El Almería salió con desparpajo, buscando sorpender a la irregular defensa culé, y se llevó un zarpazo a las primeras de cambio.

Eto’o recogió un mal rechace de la defensa andaluza y colocó el 1-0 (4′) sin despeinarse. Lo más difícil estaba hecho. El Barça había salido a decidir, sin confiarse y lo demostró cuando, en la segunda llegada peligrosa, Iniesta se coló en el área, cedió atrás a Messi y el centro-chut del argentino se convirtió en un pase a Henry para que el francés marcara a placer (2-0, 11′).

Un cuarto de hora y el Barça ya ganaba 2-0 y encima dominaba con un insultante 75% de posesión de balón. El Almería intentó recortar distancias con más corazón que acierto pero la noche era azulgrana y el nombre propio, si hubo uno, fue Samuel Eto’o. El camerunés, delantero centro nato, solo tuvo que esperar en el área pequeña para que Iniesta y Xavi le regalaran el 3-0 (20′) y para que Messi hiciera lo propio con el 4-0 (23′).

El argentino fue una pesadilla para Guilherme y la pareja Xavi-Iniesta volvieron a demostrar que están en estado de gracia. Cuando la conexión entre estos dos jugadores funciona pocos equipos pueden parar al Barça y el Almería fue buena prueba de ello.

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El Barça regresó este miércoles a Basilea, aunque el partido que se pudo ver sobre el césped del St. Jakob Park poco tuvo que ver, en cuanto a emoción e intensidad, con aquella mítica final de la Recopa de Europa del 79. Y es que el duelo contra el Basilea fue tan plácido que, más que un encuentro de Champions, pareció un entreno a puerta abierta para los azulgranas.

Quizá lo intuyó Guardiola, que decidió sorprender con nuevas fórmulas y apostar por un tridente inédito esta temporada: Bojan, Hleb y Messi. El de Linyola, que en este inicio de temporada no ha disfrutado de muchos minutos, cumplió de sobras estrenando, con dos goles, su cuenta goleadora en Europa. También disfrutaron de su merecido descanso Iniesta y Piqué, que dieron paso a Busquets y Sylvinho en el once.

Ya había advertido Guardiola el día antes que el Barça debía sentenciar desde el primer minuto, y parece que sus hombres le escucharon, porque los azulgranas salieron al terreno de juego completamente enchufados. Prueba de ello fue la velocidad con la que Messi estrenó el marcador, cuando sólo habían pasado cuatro minutos del inicio del partido. El argentino aprovechó un gran pase interior de Alves para cruzar el balón a la red con un suave toque.

El Basilea, derrotado desde los primeros minutos, no ponía ninguna dificultad a los de Guardiola, que atacaban a placer. Tan sólo una buena oportunidad en la salida de un córner, al errar Alves un rechace, puso en aprietos la portería de Valdés. Con este panorama el segundo no se podía hacer esperar, y así fue. Corría el minuto 15 de partido cuando Xavi sirvió un buen balón a Busquets, que tras un gran control, picó el balón al fondo de la red.

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Ya lo dice la historia. Un partido entre el Barça y el Atlético de Madrid es sinónimo de espectáculo, pero el de este sábado en el Camp Nou sobrepasó lo escrito. Una primera parte para enmarcar, con seis goles y un sinfín de detalles de calidad significó la confirmación de que el Barça de Guardiola está en el buen camino.

Y eso que las cosas no parecían empezar muy bien para los azulgranas, que perdieron a Alves minutos antes del partido. El brasileño, aquejado por unas molestias musculares, tuvo que ser descartado por el técnico, que como ya viene siendo habitual, sorprendió en su once volviendo a confiar en Gudjohnsen y Busquets.

No le salió mal el ‘invento’ de la noche a Guardiola, que vio cómo sus jugadores hacían los deberes y se adelantaban en el marcador en tan sólo tres minutos. Una jugada de estrategia en el lanzamiento de un córner permitió a Márquez, completamente libre de marca, cabecear un balón a la red y estrenar el marcador de la goleada azulgrana (1-0).

Todavía no se habían recuperado los culés de la sorpresa de ver a su equipo por delante en tan pocos minutos, cuando Messi decidió hacer de las suyas y forzó un penalty al ser derribado por Ujfalusi dentro del área. A Iturralde, el colegiado del encuentro, no le tembló el pulso y Eto’o, sin dudas, marcó el segundo para los azulgranas. Las expectativas empezaban a cumplirse, pero todavía quedaba mucho fútbol por ver para suerte de los más de 75.000 aficionados que ocuparon las gradas del Camp Nou.

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Es lo que se le pide a los grandes cracks. Decidir en los momentos más difíciles, cuando todo parece perdido. Y eso fue lo que hizo Leo Messi en tierras ucranianas. El ’10’ del Barça hizo una vez más honor a su dorsal, el que han llevado estrellas como Maradona, Romario o Ronaldinho, y en sólo media hora -entró por Henry en el 60′-, remontó con dos goles un partido que se había puesto muy, muy cuesta arriba a su equipo. Un Barça que ahora, con dos triunfos en dos jornadas, lidera en solitario con 6 puntos el grupo C de la Champions.

Dos goles de Messi como dos soles, que hicieron pasar al Barça del infierno al cielo de forma inesperada. El primero, en una acción poco característica de él: de ‘killer’ del área, tras aprovechar en el área pequeña, y a puerta vacía, un mal rechace del meta Pyatov, a centro de Bojan. Una acción muy protestada por los locales, al entender que el Barça debía haber devuelto el balón en un saque de banda porque los ucranianos, supuestamente, lo habían lanzado fuera tras caer al suelo uno de sus jugadores. Y el segundo, este sí, al más puro ‘estilo Messi’: entrando en el área por velocidad tras recibir un gran pase de Xavi y superando al meta ucraniano con un suave toque ‘picado’. Un golazo para quitarse el sombrero.

Podría decirse que el equipo azulgrana ‘tiró’, literalmente, por la borda los primeros 45 minutos. El Barça de la primera mitad no tuvo nada que ver con el que había ilusionado en los últimos cuatro partidos ante Sporting de Lisboa, de Gijón, Racing y Espanyol, que se habían saldado con cuatro triunfos consecutivos.

Costó mucho ganar, se sufrió lo indecible, y el desenlace fue similar al del derby del pasado sábado ante el Espanyol: remontada ‘in extremis’, y tres puntos al bolsillo. Pero esta vez, en Donetsk, no hubo ni rastro del fútbol rápido y fluido que tanto busca Pep Guardiola. Y tuvo mucho que ver en ello su decisión de dejar a Messi en el banquillo. El técnico optó por darle descanso para evitar riesgo de lesiones, dada su tendencia a sufrir dolencias musculares, pero no acertó a la hora de buscarle un recambio. Sin el argentino en el campo, las bandas se resintieron. Iniesta, más rezagado, no brilló por la izquierda, y la derecha quedó ‘huérfana’ sólo con Alves. En punta, Eto’o y Henry apenas dieron señales de vida…

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Mientras Titín Márquez ponía sobre el terreno de juego a los 11 hombres que prácticamente todo el mundo pronosticaba – eso sí con alguna variante técnica – Pep Guardiola volvía a inventar. El lo llama rotaciones, pero la verdad es que muchas veces parecen inventos que, no sé por qué, me recuerdan mucho a los que hacía su ‘maestro’ Johan. Y ya se sabe, esos inventos de los genios, a veces salen bien y a veces no.

Esta vez, Guardiola volvió a improvisar el centro de la defensa, ahora con Piqué y Puyol, sorprendió con un centro del campo inédito con Xavi-Busquets-Gudjohnsen y aprovechando que Eto’o parecía haber encontrado su buen momento de forma, le dejó en el banquillo dando la oportunidad a Henry de poder jugar – como quiere y cómo parece claro que debe jugar – de delantero centro.

El partido fue un monólogo del Barça. Como casi todos los que juega. Lo hace todo. Pero, claro, si lo hace todo quiere decir que hace todo lo bueno pero también todo lo malo. Y es evidente que aunque lo hagas todo bien, ello no quiere decir que te vaya a salir bien, pero lo que haces mal es fácil que te lleve al desastre.

Eso explica que tras unos 45 minutos brillantes, de buen juego y de claras ocasiones, el resultado al descanso fuera de Espanyol, 1 – Barça, 0. El Barcelona dominó, buscó la portería de Kameni y creó ocasiones de gol. A los 10 minutos, Kameni despejó con el pie un centro de Iniesta. Un minuto después, Henry remató bien pero el balón salió fuera por poco. En el 15′, Xavi remató al larguero. En el 24′, un centro de Messi tras una gran jugada individual no encontró rematador. En el 32′, Kameni mandó a córner el balón tras una falta lanzada por Alves. En el 35′, Messi despejó con el pie un centro-chut de Messi, Henry remató y Pareja sacó el balón bajo palos con la cabeza. Y el 45′ Xavi remató alto. Total, unas siete ocasiones más o menos claras pero ningún gol.

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Messi y Eto’o están cada vez mejor, el equipo crea un sinfín de ocasiones, y la goleada pudo haber sido de escándalo… pero el Camp Nou acabó pidiendo la hora. El Barça, que tenía el partido resuelto con un 2-0 a favor, se complicó la vida de forma inexplicable tras el descanso y su exceso de confianza y sus errores defensivos estuvieron a punto de dar al traste con el triunfo.

 

Los goles en contra se han convertido, sin duda, en la gran asignatura pendiente de este equipo. Si se exceptúa la ida de la previa de la Champions, ante el Wisla (4-0), ni un solo partido oficial ha conseguido Víctor Valdés acabar con su portería a cero. Y eso que el Betis no había marcado ni un tanto en las tres primeras jornadas de Liga. Pues llegar al Camp Nou y romper su maldición fue todo uno. Y no fueron uno, no, sino dos. Por fortuna para todos, quien menos lo esperaba, Eidur Gudjohnsen, y a diez minutos del final, acabó salvando la papeleta.

 

Pep Guardiola anunció en la víspera que volvería a vestir con el mismo traje oscuro que tan buena suerte le había dado en los dos últimos partidos, ante los dos Sporting, de Lisboa y de Gijón. Su superstición dio resultado: aún sufriendo, el equipo volvió a ganar. Lo que no repitió, una vez más, fue once inicial. Las alineaciones del técnico azulgrana son cada vez más difíciles de predecir. En defensa, debutó como titular uno de los nuevos: Martín Cáceres. El uruguayo, que había jugado diez minutos en El Molinón, relegó a Carles Puyol a la suplencia. Y lo mismo sucedió con Sergio Busquets. El canterano, que tan espectacular rendimiento está dando, cedió su sitio a Touré, aunque acabó entrando por él tras el descanso, cuando peor pintaban las cosas para el equipo.

 

Donde no hubo cambios fue en la delantera. Lógico, después del 1-6 de Gijón. Así que Henry, recuperado ya de su faringitis, tuvo que esperar a mejor ocasión. Iniesta, Eto’o y Messi integraron el ‘tridente’ ofensivo.

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Pep Guardiola tiene las ideas muy claras. Vale que en algunas ocasiones no coinciden con las de los aficionados, pero si los resultados le acompañan, no pasará nada y si no le acompañan, seguro que morirá con esas mismas ideas.

 

El Barça saltaba al estadio Molinón en posiciones de descenso después de que se jugaran todos los partidos de la jornada. Con solo un punto, solo Sporting y Málaga estaban por debajo suyo en la clasificación provisional. La victoria era más que imprescindible y Guardiola, por eso que decíamos de las ideas claras, volvió a apostar por Sergio Busquets en el pivote defensivo, Keita en el centro del campo pero por la banda izquierda e Iniesta como tercer delantero, también por banda izquierda. Y los Youré Yayá, Bojan y compañía, pues lo que ya sabían. Que les toca esperar. La plantilla es tan corta y hay tantos partidos por delante que aunque el técnico no lo quiera, al final tendrá que contar con ellos. Habrá que esperar que cuando lo haga, no se les haya olvidado eso de jugar al fútbol.

 

El primer tiempo contra el Sporting fue un monólogo blaugrana. El Sporting, como el Numancia o el Racing en los dos primeros partidos de Liga, decidió regalarle el balón a los barcelonistas, pero su problema era que su defensa es mucho más débil que la de los otros dos equipos. Y es que, no nos engañemos, será difícil que en lo que resta de temporada, el Barcelona se encuentre con un rival tan débil y que, desgraciadamente para los gijonenses, tenga tantos números para ser uno de los conjuntos que acabe la temporada en posiciones de descenso.

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